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20 años en La Araucanía

Columna de opinión por: Rosemarie Junge Raby, rectora de las instituciones Santo Tomás Temuco.

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Parafraseando el título del interesante libro “10 años en La Araucanía” de Gustavo Verniory, acabo de cumplir 20 años en esta hermosa región y he analizado este tiempo transcurrido, lleno de aprendizajes, desafíos y metas cumplidas y por cumplir. Mi participación ha estado en varios ámbitos, destacando educación, cultura e interculturalidad.

Dado que estamos pronto a celebrar We Tripantu, deseo detenerme en este último tema, la interculturalidad, donde he tenido los mayores aprendizajes, porque como buena penquista viviendo en la capital, al llegar el año 2002, poco y nada sabía de la cultura mapuche, de su historia, cosmovisión, salud, anhelos y frustraciones. Me he abocado activamente en todas las instancias donde me han pedido participar para lograr un futuro en Paz en esta región intercultural, desde la Comisión Asesora Presidencial liderada por el recientemente fallecido y estimado obispo Vargas, en Fundación Aitué donde realizamos estudios y evaluamos políticas públicas indígenas y buscamos permanentemente tener instancias de encuentro y diálogos interculturales; también junto a las otras universidades de la región en los Talleres Nansen para aprender metodologías de diálogo y en diversas actividades tanto dentro como fuera de nuestra comunidad académica de Santo Tomás.

Han sido muchos los desafíos y objetivos aún no cumplidos, pero considero que hemos avanzado en varios aspectos, como también hemos empeorado en el clima de inseguridad y violencia que azota a nuestra zona sur, violencia que es condenable y nunca justificable. Este problema ya no puede ser esquivado por el poder central y las promesas incumplidas, que son también un tipo de violencia como lo dijo el papa Francisco, tendrán que ser resueltas, se apruebe o rechace la nueva constitución, partiendo por el reconocimiento constitucional que ya nadie cuestiona. Los avances son principalmente en el ámbito del reconocimiento de la existencia viva de los pueblos indígenas, tanto a nivel regional como nacional, el reconocer que somos un país diverso y que todas las culturas que cohabitan en este país son igual de respetables. No pierdo las esperanzas de lograr una convivencia pacífica en nuestra querida Araucanía y un desarrollo sostenible de Chile valorando su interculturalidad. Por ello los invito a celebrar este We Tripantu, el Nuevo Año en nuestro hemisferio sur, el solsticio de invierno cuando renace el sol y renace un nuevo ciclo de la naturaleza, con respeto, alegría y esperanza de la llegada de un nuevo ciclo también para nuestras vidas, en que podamos avanzar en lo que todos los que aquí vivimos anhelamos, vivir en paz y armonía.

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