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Nuestros Héroes Silenciosos

Columna de opinión de Eugenio Tuma Zedan

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La llegada de la pandemia ha cambiado abruptamente el mundo y la vida de los seres humanos, no obstante que ya existían versiones de ciencia ficción que podríamos llegar a una situación como la que estamos experimentando, jamás nos imaginamos que sería en verdad una realidad en nuestro existir .

El Covid 19 ha provocado temor e inseguridad en la población tanto por su carácter de contagio masivo, como por la letalidad que trae consigo este nuevo virus .

Entre las medidas para combatirlo,  se están aplicando severos planes de aislamiento y distanciamiento entre las personas,  lo que inevitablemente ha provocado prácticamente la paralización de las actividades laborales en todo el territorio nacional con excepción de los funcionarios de la Salud, los servicios básicos y de quienes componen la cadena de distribución alimenticia y medicamentos. Ello ha significado la pérdida o suspensión de las fuentes laborales formales e informales que durará un tiempo indefinido.

Esta crisis sanitaria ha develado la fragilidad de nuestro sistema de salud y la debilidad de una estructura del Estado para enfrentar una catástrofe como la que estamos pasando.

Capítulo aparte, es la disposición de los hombres y mujeres que laboran en el sector Salud, que arriesgan muchas veces sin los equipos indispensables de protección su propia vida para salvar la de otros ,el permanente reconocimiento a esa valiente actitud no debiera nunca estar ausente en nuestros corazones.

La falta de ingresos para las familias más vulnerables en esta situación está provocando con crueldad el aumento de la pobreza y la carencia de alimentación que hará del hambre un factor de habitual ocurrencia ,no obstante las políticas públicas destinadas a mitigar los efectos sanitarios, económicos y sociales que esta pandemia trae consigo .

Felizmente existen en nuestros barrios y poblaciones urbanas y rurales otras personas que desarrollan diversas actividades solidarias para colaborar con los más desposeídos para sobrellevar estos días tan difíciles de enfrentar cuando no se tiene el mínimo sustento alimenticio, por eso allí están desde quienes disponen de bolsas con mercadería en las rejas de sus antejardines a quienes contribuyen y/ó preparan en sus casas o sedes sociales,  las ollas comunitarias que son el resultado de la colaboración colectiva y de la solidaridad de “héroes silenciosos “a los que también nunca debemos de olvidar, como así también a quienes  han destinado su tiempo a la asistencia y cuidado de adultos mayores.

Ahora, solo resta esperar que esta amarga y preocupante experiencia vivida, nos sirva para humanizarnos más, experimentado un crecimiento como personas y haciendo prevalecer más allá de las aspiraciones materiales, el sentido de la solidaridad, el afecto y la preocupación por los demás.

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