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Crónica: «La crisis social en un plato de comida casero»

por: Ramón Jarasman

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Marzo llegó y para quedarse, este es el mes menos querido por todo lo que significa en términos económicos, pagos y más pagos, nos recuerdan el rostro sonriente de Fernando Larraín, acusando que llegó marzo y con ello, todo lo que hay que pagar, que sin duda ya era muchísimo. Pero hasta antes del día de furia de los chilenos; el 18 de octubre del 2019, las cosas eran igual de indignas. Las AFPs nos seguían robando nuestras pensiones, El COMPIN nos negaba las licencias medicas, las ISAPRES nos subía el plan y el combustible iba en alza semana a semana. Aún así, después de febrero, esperábamos marzo, ya casi convencidos que sería un mes pasajero y que abril, llegaría con opciones mil.

Pero ahora que recién estamos “cocinando” los primeros días, podemos apreciar que se acercan más “comensales” y hay que ponerle más agua a la olla. Para algún lector este juego de palabras puede resultar aberrante, pero quiero llevarlos a lo que gatilla este gran conflicto político social, que no es otra cosa que un cambio del menú… Si, cambiar los mismos platos de comidas que hemos degustado por tanto tiempo, hasta que descubrimos que existían otros más gourmet y al mismo precio quizás, pero hasta con aroma y color distinto, a los que hemos deleitado ya casi siempre. ¿Será la hora de probar platos nuevos y dejar de comer tantos tallarines, arroz y comidas simples?

                                               

Bueno, es la hora de exigir un plato de comida, que tenga lo suficiente como para no quedar mirando una vez terminado, con abundancia de sabores que hagan juego al paladar y nos permitan opinar sobre algo que no conocíamos.

Si pudiéramos entender que no hablo de comidas, sino de oportunidades, de acciones y de momentos, por eso he sido lo suficientemente literato para escribir, que es necesario abrir los sentidos del paladar y degustar una nueva carta fundamental. «Por eso, este 26 de abril, yo voto Apruebo y Convención Constituyente y con ello, estaré entregando a todos la oportunidad de sentarnos a la mesa y preparar juntos el mejor plato, con todos los ingredientes necesarios, para que alcancemos a servirnos hasta el postre».

También tengo mis dudas, sobre los que quieren repetirse y dejarán a otros mirando, porque el mal del chileno es así, les gusta ganar a costa de que otros no puedan llegar a la meta, hacerle zancadillas, empujarlos o algo tan común, desearles mal. La envidia a veces es un mal muy poderoso, que usado de una forma desafortunada, podría ocasionar daños irreparables, para quien la tiene, y para quien la recibe. El egoísmo, es también un mal de los chilenos, porque nos cuenta dar algo que ya no usamos,  creemos que le podemos dar otra vida útil, en otro tiempo o buscarle un valor, en vez de entregarlo antes de que ya no sirva, a alguien que lo necesita.

¿Si tenemos dos casas, estaríamos dispuestos a dar otra a quien no tiene?

Jamás, imposible, es una locura, desprenderse de lo material para conseguir paz interior, es una verdadera locura comunista, que nadie estaría dispuesto a hacer, ni siquiera aquellos que están inscritos en los partidos rojos y que llaman a creer en la igualdad. Nadie está dispuesto a perder algo, más bien, que te quiten algo para dárselo al otro. “Nadie quiere inmolarse, para que sus cenizas se las lleve el viento”, por eso es necesario que entendamos que no somos dueños de nuestros destinos y tampoco debemos quitarle las ganas de lograr el éxito a los demás. Si alguien quiere triunfar, déjenlos que vuelen, no les cortes sus alas, si alguien busca la paz, no les tiren tierra en su fuero interno, dejemos que lo que venga, tenga que pasar y si esta crisis está mutando en algo peor, es porque nosotros, no somos capaces de proyectar un futuro digno para todos.

«Repudio la violencia y las decisiones grupales, no puedo concebir que las personas se tomen terrenos que no son de ellos y el estado tenga que garantizarles un camino más fácil para su casa propia, que la violencia venga de donde venga, sea sancionada y juzgada con garantías y transparencia, ajustadas a derecho universal que tenemos como personas».

Condeno también a los que se aferran al poder, sin tener las directrices que la mayoría le solicita y con esto apunto al presidente Sebastián Piñera, el único responsable de esta crisis política y social, que su egoísmo e incompetencia para empatizar con las demandas sociales, será su calvario en este camino sin retorno a una nueva forma de pensar y sentir, sin más engaños y miedos, con las banderas de colores transparentes y una mirada a la libertad, desde la mesa hasta la cocina, pasando por todos los puestos y preguntando a todos, si alguien quiere servirse algo más; que lo haga, que se levante y vaya por su plato, y después si quiere, ayude a lavar la loza.

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