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Gonzalo Arenas debutó como vocero: paso la primera prueba de fuego en La Moneda

Su primera vocería estuvo lejos de ser un trámite. El nuevo rostro comunicacional del Gobierno de José Antonio Kast debió responder por la rebaja de condenas a agresores sexuales, las pérdidas del Fondo E de las AFP, las críticas de Gabriel Boric y su propio pasado confrontacional. Salió a fijar una línea, pero la gran incógnita sigue siendo cuánto poder tendrá para sostenerla.

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Tres asuntos dominaron buena parte de la pauta en su primer dia: las 56 rebajas de condenas a personas condenadas por delitos sexuales contra menores, las pérdidas del Fondo E de las AFP y las críticas del expresidente Gabriel Boric a la administración de Kast.

Sobre el primer tema, Arenas calificó la información como «bastante malintencionada» y sostuvo que las rebajas respondían a procedimientos establecidos por ley, descartando que se tratara de una voluntad arbitraria del Ejecutivo. La explicación buscó defender la actuación gubernamental, pero la controversia tenía una dimensión política y social que exigía algo más que una respuesta jurídica.

En materia previsional, el nuevo vocero calificó como de máxima gravedad las pérdidas del Fondo E y aseguró que el Gobierno acompañaría las investigaciones. Sin embargo, evitó anticipar soluciones mientras no existieran resultados que permitieran determinar las medidas pertinentes. BIEN.

Y cuando llegó el turno de Gabriel Boric, Arenas tampoco optó por el silencio. Sostuvo que los expresidentes debían mantener un trato deferente con sus sucesores y aportar soluciones, en lugar de criticar como si fueran parlamentarios en campaña.

Fueron respuestas directas, con una característica común: Arenas intentó instalar rápidamente la posición oficial del Gobierno y marcar límites frente a sus críticos.

El problema es que una vocería no se mide solamente por la firmeza de sus declaraciones, sino también por la capacidad de responder las preguntas difíciles sin convertir cada controversia en una nueva disputa política.

La prensa también puso sobre la mesa un episodio de su etapa parlamentaria: el enfrentamiento con el entonces ministro del Interior Edmundo Pérez Yoma, durante el cual Arenas le lanzó documentos al rostro.

Lejos de desconocer su historial, el nuevo vocero admitió que durante sus ocho años como diputado había realizado numerosas declaraciones, algunas de las cuales lamentaba y otras no.

La respuesta fue relevante porque puso a prueba su capacidad para separar al parlamentario confrontacional de la autoridad encargada de comunicar las decisiones del Ejecutivo.

Arenas aseguró que no pretende instalar una «guerrilla comunicacional» con la oposición y defendió un estilo directo, sencillo y pedagógico. También sostuvo que el diálogo y los acuerdos son necesarios para impulsar políticas públicas.

Es una señal correcta para quien asume una responsabilidad institucional. Sin embargo, la verdadera prueba no estará en anunciar un estilo, sino en mantenerlo cuando las preguntas incomoden al Gobierno, cuando las cifras contradigan el relato oficial o cuando las decisiones del Ejecutivo provoquen rechazo ciudadano

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