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Claves para entender las proyecciones y efectos de la guerra entre Ucrania y Rusia

Por: Felipe Ramírez Prensa U. de Chile

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A casi una semana del inicio del conflicto bélico en Europa del Este, los combates se desarrollan en distintas ciudades ucranianas, incluida la capital Kiev. En estas circunstancias, se abrió un espacio de negociaciones entre los dos países beligerantes con resultado aún incierto. Gilberto Aranda y Carolina Sancho, académicos del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile, entregan elementos para avizorar lo que viene y las posibles consecuencias de esta guerra.

Aunque tras las sanciones impulsadas por los países de la OTAN en contra de la Federación Rusa por la invasión militar de territorio ucraniano pareciera existir un estado de gran aislamiento por parte de Moscú, el académico del Instituto de Estudios Internacionales (IEI) de nuestro plantel, Gilberto Aranda, afirmó que es necesario complejizar la lectura de la situación, ya que no solo existirían ciertas diferencias al interior del Pacto Atlántico, sino que también Rusia contaría con válvulas de escape que le permiten afrontar la situación. 

«El gran valedor de Rusia internacionalmente es China, y eso le ha significado encontrar válvulas económicas para la producción agrícola que se ha liberado gracias a las sanciones. Pero además países como Turquía o Hungría, que forman parte de la OTAN, han planteado una posición menos drástica hacia Rusia», aseguró el profesor Aranda, quien destacó la decisión de Ankara de impedir el paso de todos los buques militares, no solo los rusos, por el Estrecho de los Dardanelos, y el anuncio de Budapest de que aceptará refugiados, pero no permitirá el paso de material militar hacia Ucrania.

En este mismo sentido, la también académica del IEI, Carolina Sancho, especialista en materias como ciberseguridad, crimen organizado, seguridad pública y Defensa Nacional, destacó que Rusia mantiene también el apoyo de países latinoamericanos, como Venezuela, Nicaragua y Cuba.

Consultado sobre las consecuencias de las sanciones, en particular tras la suspensión del proyecto del gasoducto Nord Stream 2 junto a Alemania, Gilberto Aranda hizo hincapié en que tanto Europa como Rusia se necesitan mutuamente. «No todos los países dependen igualmente del gas ruso, pero sí lo hace Alemania, que es el corazón económico del continente, y si bien Rusia puede buscar a China como cliente, puede no ser por el mismo precio, por lo que ambos se verán afectados», aseguró.

De todas maneras, la profesora Sancho expresó que los resultados de las medidas adoptadas por la OTAN están teniendo consecuencias. «No obstante, queda la pregunta respecto a si la velocidad en sus efectos es el necesario ante un actor -Rusia- que incrementa en el corto plazo la violencia de sus acciones en Ucrania y la urgencia de conseguir que esto se detenga».

En particular, respecto a la desconexión de algunos bancos rusos del sistema SWIFT y la posibilidad de que se termine consolidando un nuevo polo en China, la académica aseguró que «es un escenario que no puede ser descartado y que pondría en cuestionamiento si sanciones desde occidente lograrían el objetivo inicialmente buscado de acuerdo a lo planeado» por el Pacto Atlántico.

¿Es posible una guerra nuclear?

Una de las declaraciones del Presidente Vladimir Putin que más ha preocupado tiene relación con su alusión al armamento nuclear. Esta advertencia no solo fue dirigida en el marco de la guerra con Ucrania, también amenazó a Suecia y Finlandia en caso de que estos se unan a la OTAN. La situación parece particularmente delicada en circunstancias de que Ucrania ha puesto como condición para negociar la retirada no solo de Donetsk y Lugansk, sino también de Crimea.

Al respecto el profesor Aranda recordó que la península de Crimea, anexada en 2014 por Moscú, fue conquistada en 1774 por la zarina Catalina II y solo fue traspasada por razones administrativas a Ucrania en 1954 por Nikita Kruschev, decisión que nunca convenció a los rusos, lo que se suma al deseo de reconocimiento a las repúblicas populares del Donbás.

«Creo que las negociaciones no serán sencillas, porque Putin quiere que las condiciones que coloca sean rápidamente aceptadas por Ucrania, algo que al tenor de la fuerte resistencia a la operación militar y al envío de armamento europeo se ve difícil. Además, toda conversación que se haya realizado en Bielorrusia tiene un componente importante de influencia rusa, ya que ese país es un aliado directo de Moscú. Es en ese escenario que Putin vuelve a mencionar el arsenal nuclear para quebrar la voluntad de lucha ucraniana, pero también para disuadir a Europa de seguir ayudándolos, y eso es peligroso», sostuvo.

En ese sentido, recordó que la sola alusión a este tipo de armas «retrotrae a las personas a una pesadilla con consecuencias devastadoras, nadie quiere eso, es un escenario en el que nadie gana. Yo pensaría que es un mecanismo de disuasión, pero las cosas ya han llegado demasiado lejos, por lo que no puede descartarse que vayan más allá aún», remarcó. 

En una línea parecida, la profesora Sancho aseguró que la alusión nuclear puede interpretarse «en términos de que está presionando en el marco de las conversaciones iniciadas con Ucrania, dando una señal de que está dispuesto a usar todas sus capacidades para lograr sus objetivos, desafiando de este modo a la contraparte -tanto Ucrania como a la OTAN y la UE- a considerar diferentes escenarios, sin descartar alguno en este conflicto. En los hechos, esas declaraciones han implicado que algunos países hayan elevado su nivel de alerta en seguridad y decidido entregar mayor apoyo a Ucrania, tanto en lo militar como con el incremento de las sanciones económicas a Rusia».

Ante ello, llama la atención la existencia de numerosas manifestaciones en ciudades rusas contra la guerra, algo que no se vio el 2014 para la crisis de Crimea o en 2008 para la guerra con Georgia, lo que para el profesor del IEI permite pensar que «pareciera que ha habido mayores disonancias dentro de Rusia, pero hay que recordar que hablamos de un país con una estructura iliberal, que algunos llaman autoritaria, donde la disidencia no tiene el mismo peso que en regímenes liberales o democráticos. Por ejemplo, en este momento hay altos cargos del PC ruso que son perseguidos y están siendo señalados por Putin, también la clásica oposición liberal. A veces se hace pensar que Putin es de izquierda y eso es algo errado, es un nacionalista conservador que está en el sistema absolutamente», finalizó.

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