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Día cero: Esperanza en la sana política.

Columna de opinión por: José Montalva abogado y exgobernador de la Provincia de Cautín.

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Hoy nace oficial e institucionalmente el nuevo sistema de Gobierno, el parlamento facto, sí, ese mismo que adelantó el senador Jaime Quintana.

Desde este momento habrá cambios, partiendo por las finanzas en todas las familias, hoy sí que es tiempo de apretarnos el cinturón para terminar el año. Las cosas estarán muy turbulentas, a muchos les seguirá costando parar la olla, sobre todo a jóvenes y adultos mayores. Saldrán a luz problemas del pasado (no resueltos), conflictos y desconfianzas; y lo que es peor, no habrán herramientas institucionales y probadas para resolverlos. Tampoco existirá voluntad, al menos de parte del Ejecutivo. 

No veo otra solución, más que haya políticos que usen la sana política; sólo la sana política puede hacerse cargo del pasado, del presente y del futuro. Y esto no tiene que ver con la ideología de uno u otro, tampoco con un partido o si hay independencia. 

Ahora, lo complejo es saber exactamente qué es la sana política o dar con un ejemplo de ésta. Yo, la verdad, no soy capaz de definirlo, sólo me limito a afirmar que dentro de su definición debe aparecer “decir SIEMPRE  la VERDAD”. Se escucha fácil, pero es algo que muy pocos logran llevar a cabo en la historia de la buena política mundial. 

Una consecuencia de usar la sana política es que el potencial elector de ese político que actúe de acuerdo a la sana política, gozará del perdón de quienes lo apoyen cuando cometa un error, siempre y cuando sea entendible desde una mediana racionalidad y, además, permanezca con la sana política en el momento y después de cometer ese error. Porque sería una ilusión muy grande creer que los políticos que hagan uso de lo sana política sean unas blancas palomas, muy por el contrario, son personas de carne y hueso que se pueden equivocar, pero es inalterable en ellos decir siempre la verdad. 

Decir la verdad libera al ciudadano de estar en condiciones de saber quiénes, cómo y por qué se toman decisiones que, para bien o para mal, le van a influir a todos. 

En la política del siglo XXI, decir siempre la verdad es receta para conocerse con los ciudadanos, también tensionarse y pelear mucho con otros, pero en el campo de las ideas. Sin embargo, ese político, por muchos adversarios que tenga, siempre será respetado y de alguna forma admirado porque usa la sana política. 

La verdad duele y mucho, pero te hace avanzar y te libera para tener la capacidad de lograr metas que valen la pena, y si hay una meta que vale la pena es luchar por vivir en un mundo solidario, más justo  y menos desigual. 

Quien tenga la vocación de abocarse al servicio público o a ser  elegido por elección popular, le sugiero empezar a pensar si quieren y están en capacidad de decir siempre la verdad, independiente de las consecuencias electorales o corto plazo. Esa es la vocación por una sana política y que es la única que debería prosperar realmente con una Nueva Constitución legitimada por la ciudadanía. 

Si no aparecen de esos políticos, veo con preocupación y con muchas trabas el proceso constituyente y, con esto, el día después del día cero.

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